Sala de exposiciones Francisco de Goya - Centro de la UNED - Barbastro
2 de Septiembre - 11 Octubre 2014

pinturas-pintadas-santiago-arranz Este proyecto, eminentemente pictórico, reúne 18 óleos de diferentes periodos, que dialogan entre ellos según afinidades temáticas o estilísticas y que ponen de relieve que en la ya larga trayectoria artística y multidisciplinar de Santiago Arranz, la pintura fue el origen.

Quedan fuera de esta exposición proyectos que han sido determinantes en su evolución hacia la plenitud de su lenguaje plástico, como las obras derivadas de la literatura: Saturnus, las Ciudades invisibles, Kafka…. que comenzaron en París a finales de los años 80, o sus decisivas intervenciones en espacios públicos, basadas en la incorporación de diferentes iconografías originales aplicadas a diversos espacios arquitectónicos conocidos de Aragón, como el Centro de historias de Zaragoza o la Escuela de restauración Capuchinas en Huesca, que arrancaron en 1992, con la pintura de las dos cúpulas para el edificio municipal, El Cubo, de Zaragoza.

Pero esta exposición es un homenaje a la pintura y más concretamente a la pintura como voluntad y no como accidente.

Releyendo al gran filósofo alemán, Arthur Schopenhauer en su conocida obra, El mundo como voluntad y representación, observé, que esta premisa se cumplía ampliamente en todas aquellas pinturas, pintadas al óleo, en detrimento de otras obras más experimentales, en las que el elemento fortuito o accidental anulaba la fuerza de voluntad que requiere construir un mundo imaginario. Un mundo que no podemos explicar y que se origina en nuestra experiencia estética como única fuente de información sobre lo que es y lo que significa.

La cuestión aquí y ahora, era subrayar la mayor dificultad técnica y riqueza psicológica que encierran estas obras basadas en la voluntad, frente a aquellas que se crean desde las fórmulas del azar, a la vez que, al seleccionar obras de años diferentes, ponía de relieve la atemporalidad y la intensidad del arte de la pintura, que nos lleva a visitar una y otra vez a los maestros antiguos en el Prado o en el Rijksmuseum y a encontrar en ellos la eternidad que no encontramos muchas veces en las obras contemporáneas, llenas de espectacularidad, pero carentes de tiempo y profundidad para perdurar.