Resultado de una visita al Museo del oro de Bogotá es esta colección de máscaras inventadas, pintadas con la ironía del oro falso sobre papel Kraff. La vida ha desaparecido de estos rostros y en su lugar ha quedado lo material como una arqueología de la codicia.
Reúne dos obras creadas en diferentes momentos realizadas con oro, pero que en el fondo encierran un discurso sobre la avaricia y la muerte, ese lugar donde se mezcla lo celestial, el oro y lo terrenal, las heces, figura en cuclillas que defeca a los pies de una dorada vasija junto a esa bandera de máscaras reducidas a filigranas de oro falso, en las que la vida se ha convertido en la materia que nos sobrevivirá.